viernes, 4 de marzo de 2016

Fuente Obejuna en tiempos de la Guerra Civil.

Recuerdo cómo mi abuela contaba entre lágrimas el recuerdo de su niñez, con tan solo seis años escondida en un pajar junto a sus hermanos y a su madre esperando que los «moros» viniesen a matarlos; cómo su propia vecina los había delatado. [...] Ella solía decir que no podían ni respirar y que tenían miedo a que escuchasen los corazones latir, porque tenían la sensación de que latían tan fuerte que serían escuchados a kilómetros, y que el silencio de su madre llorando era insoportable. [...] En las cercanías de Fuente Obejuna había un frente abierto. Mi bisabuela tenía su campo justamente al lado. Siempre me han contado cómo, sin saber ni quién era, mi bisabuela salvó a un hombre que estaba muriéndose de hambre y con heridas. Tras la guerra, mi bisabuelo fue condenado a muerte. Pero la suerte estuvo de su lado, ya que el general que daba la orden era aquel soldado moribundo que habían salvado. Se salvó. [...] Mi [otro] bisabuelo fue el primer alcalde de izquierdas del pueblo. Él salvó muchas vidas, fuesen del bando que fuesen. Al principio, se justificaba diciendo que todos eran vecinos y muchos de ellos parientes. Después, no daba explicaciones. La gente acudía a él. Finalmente, fue fusilado tras años de alcaldía. Mi madre cuenta cómo en sus cartas ponía que siempre había esperanzas, que él había ayudado a la gente y eso a él le serviría de salvación. En su última carta, se despidió. Ya no tenía esperanzas y solo quería morir. Las torturas eran peor que estar muerto.

(María Mellado León [2º de Bach. de CC.NN.]. Efectivamente, Agustín León Sánchez había sido el primer alcalde republicano de Fuente Obejuna. Después del Alzamiento, volvió a la Alcaldía en sustitución de Antonio Navarro Conchillo, de Izquierda Republicana. En Fuente Obejuna algunos todavía conocen esta copla:

Viva el compañero Azaña,
viva Largo Caballero,
viva Agustín León,
que mira por el obrero.

A pesar de su carácter conciliador, no pudo evitar que republicanos extremeños asesinasen a sesenta y tres individuos afectos a las derechas en el mes de septiembre de 1936; véase Francisco Moreno Gómez: 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Barcelona: Crítica, 2009, pp. 123ss.]

En la entrevista que debíamos hacer, he decidido tomar como protagonista a mi abuela. [...] Cuando tenía tres años se quedó sin [su] padre [Manuel Pérez Sánchez]. Fue asesinado por «rojo» durante la Guerra Civil. Eso era algo común, y a las familias que quedaban huérfanas de padre se las indemnizaba con unas míseras pesetas sin ni siquiera saber dónde se encontraba enterrado el ser querido. Muchos hogares no conseguían salir adelante.

(Ana Belén Agredano Muñoz [4º de E.S.O. B]. Manuel Pérez Sánchez fue asesinado el día 27 de abril de 1937, a los treinta y cuatro años; véase Francisco Moreno Gómez: 1936: el genocidio franquista en Córdoba..., p. 880.)

El castigo que imponía Franco a las personas más humildes era vergonzoso. Familia mía vivió en sus propias carnes este tipo de castigo, ya que por una simple queja de un vecino vinieron militares a la casa de mis bisabuelos y los mataron, dejando a cinco niños huérfanos. A los más grandes, al ser hombres, les obligaron a luchar en la guerra civil a favor del bando franquista. A la mayor de los tres hermanos restantes la cogieron, la desnudaron y la pasearon por todo el pueblo para que se rieran de ella y fue sometida a todo tipo de abusos por parte de los hombres de Franco. Cuando se pudo escapar de las manos de esos infames, recogió a sus hermanos, que estaban casi muertos de hambre, y se refugió en una casa de monjas. Cuando fue mayor, tuvo que huir a Huesca y a sus hermanos, que eran bien pequeños, los cuidaron las monjas. Cuando por fin acabó la guerra pudo volver a su pueblo y reunirse con sus hermanos.

(Azahara Márquez Mellado [2º de Bach. de CC.NN.])

Además, durante la dictadura, miles de personas fueron asesinadas por tener ideas contrarias al régimen o simplemente porque se sospechaba de ellas. Buena prueba de esto fue el fusilamiento de mi bisabuelo, junto con otros habitantes de Los Blázquez que fueron fusilados sin juicio previo y sin demostrarse pruebas de que hubieran hecho nada.

(Javier Rivera Castillejo [2º de Bach. de CC.SS.])

Un caso que me ha contado mi abuela es que a su padre, mientras estaba trabajando en el campo con su ganado, vinieron a atacarlo y se lo llevaron a la cárcel, en la cual estuvo durante un tiempo, ya que afortunadamente lo dejaron libre poco después.

(Ángela Rodríguez Fernández [2º de Bach. de CC.NN.])

Aquí, en nuestro entorno local, también es importante recordar que esta zona estuvo inmersa en la Guerra Civil, en frentes que fueron tan sangrientos como los de Valsequillo y Pozoblanco. En sus alrededores se pueden ver los restos de las trincheras, o los misiles lanzados por ambos bandos.

(Luis Enrique Romero Ojeda [2º de Bach. de CC.NN.])

Recuerdo una de las historias que me contó mi abuelo. «Me metieron en el calabozo por cortarle una rama a una encina para dar de comer a la cabra», me contaba. «Preguntaron al dueño de las encinas del cortijo, que era amigo mío, y el hombre no le dio importancia, pero el guardia me metió en el calabozo.» Aún así, mi abuelo dice que fue un afortunado. Gracias a la intervención de su madre lo dejaron salir. Mi familia no luchó en ninguno de los dos bandos, pero sufrieron el hambre que asoló España tras la guerra. Mi abuela me contó que tuvieron que hacerle un vestido a una hermana suya con unas cortinas. Y, como ellos dicen, aquellos tiempos fueron muy duros. [...] Recuerdo que, cuando era pequeño y pasaba por delante del cementerio de Ojuelos Altos, mi madre siempre decía: «Si estas paredes hablaran...». Yo nunca comprendí lo que quería decir, pero ahora sí que lo entiendo. Mi abuela me contó hace unos años que aquel lugar era donde llevaban a los condenados de la zona a fusilarlos. [...] Mi abuela me contó que en su casa no se podía hablar de casi nada: nada de política, nada sobre lo mal que iba el campo y nada sobre la familia lejana que era del bando republicano. En casa y fuera de ella no podían tocarse esos temas y, por supuesto, no se le debía faltar el respeto a la Guardia Civil, porque podía haber represalias. La historia de mis abuelos es solo una pequeña mota de polvo que, junto a otras muchas, conforma el pasado de España: un pasado que, cuando se intenta remover, hace temblar los cimientos de nuestro país.

(Miguel Pulgarín Habas [2º de Bach. de CC.NN.])