lunes, 6 de enero de 2014

«San Manuel Bueno, mártir» (1931), de Miguel de Unamuno.

Ángela es una muchacha de pueblo, profundamente religiosa, algo mamado de su madre y del cura del pueblo, don Manuel, a quien sus gentes y ella misma, que mantiene una estrecha relación con él, admiran y consideran un santo.

Un día regresa al pueblo Lázaro, hermano de Ángela, que viene de América con ideas progresistas y antirreligiosas. Todo el pueblo espera que don Manuel le convierta y así sucederá… al menos, a primera vista; porque Lázaro no soportará mucho tiempo su carga y confesará a su hermana que todo lo ha hecho a petición de don Manuel: él no está convertido, sigue sin creer, pero el cura le pidió actuar así para aumentar la fe de sus fieles. También le desvelará que el cura no es un creyente convencido y que profesa la religión simplemente por darle sentido a las vidas de los habitantes del pueblo. Ángela, dolida al enterarse de esto, comienza a dudar de sus propias creencias. Don Manuel la anima a seguir creyendo para que no pierda el sentido de su vida.

Tras la muerte de don Manuel, por petición del pueblo, el obispo recaba información de su vida para hacerle santo, ignorando junto con los demás habitantes del pueblo la verdadera personalidad del cura y su falta de fe.


Tras la aparente actitud hipócrita de don Manuel se esconde alguien que sufre mucho; porque, aun no siendo coherente con su falta de fe, sí que tenía clara su actitud para con el pueblo que se le había confiado: serle fiel y acrecentarles la fe para que no perdieran la esperanza en la vida eterna.

Lázaro que no creía, fue «subyugado» por la hipocresía de don Manuel y acabó en la misma falsedad; de ahí que sus conciencias estén siempre en conflicto. Tienen dudas, buscan sin resultados, sienten desesperanza, angustia… No creen, pero necesitan aferrarse a algo disipar el miedo a lo desconocido; por eso ayudan a los demás a creer y a darles sentido a sus vidas. En la novela se plantean las obsesiones del alma de Unamuno: la inmortalidad, la fe, la muerte, el consuelo de la religión, lo trágico de la verdad, la angustia existencial. El autor ha creado en los protagonistas y en sus nombres similitudes con personajes de los Evangelios, y ha situado al pueblo entre un lago y una montaña, simbolizando así la duda y la fe.

Daniel Garrido Arellano 
2º de Bach. de Ciencias Sociales

No hay comentarios:

Publicar un comentario